Actualmente, estoy pasando por muchos cambios en mi
vida y todos han venido a la misma vez.
El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) me hace ser una persona muy
rutinaria y resistente al cambio.
Además, mi condición hace que me apegue rápida y excesivamente a las
personas, con la consecuencia de que, si salen de mi vida por alguna razón,
aunque sea justificada, siento que me están abandonando, lo cual desata muchos
de los síntomas que caracterizan al TLP.
Aquí les detallo los cambios a los que me estoy enfrentando en estos
momentos.
1. Cambio de
terapeuta: Hace cuatro semanas, mi
terapeuta, con la que llevo un año ya y la que siento que me ha ayudado mucho
en relativamente poco tiempo, me informó que encontró otro trabajo e iba a
dejar su práctica en la clínica donde me atiende. Su nuevo trabajo es en un hospital
siquiátrico, por lo cual ya no va a poder atenderme. Como imaginarán, esa noticia me cayó como un
balde de agua fría, ocasionando lo que nunca, que me pusiera a llorar en plena
cita. Yo nunca lloro en mis citas
médicas, nunca, no importa el tema que estemos tocando, no importa si estamos
hablando de mis traumas más severos o de las cosas más tristes que he
experimentado, nunca lloro frente a un terapeuta o psiquiatra (esto debido a traumas
de mi niñez, de los cuales no voy a hablar ahora). Obviamente, esto demuestra lo mucho que me he
apegado a mi terapeuta y, aunque racionalmente entiendo que tiene que irse, que
esas cosas pasan y que no tiene nada que ver conmigo personalmente, es algo que
me afecta mucho. Me afecta tanto que
ayer, que era nuestra última cita, no fui con tal de no tener que despedirme de
ella. Aunque poco a poco he logrado
emocionarme un poco con la idea de empezar tratamiento con mi nueva terapeuta
(con quien tengo mi primera cita el 16 de enero) porque me han dicho que está
entrenada en la Terapia Dialéctica Conductual (TDC) y hasta dirige grupos de
TDC regularmente, el cambio que esto representa me causa mucha ansiedad.
2. Cambio de
psiquiatra: Sí, también mi psiquiatra va
a cambiar de empleo, efectivo el 31 de diciembre, pero ya tuve mi última cita
con ella. En la oficina a la que se muda,
no aceptan mi plan médico, por lo cual tampoco puedo seguir con ella. Ella era muy buena. Me entendía a la perfección, especialmente mi
trauma con el peso. Lo primero que hacía
en cada cita era pesarme, pero me ponía de espaldas a la pesa y no me decía
cuánto pesé. Tampoco me recetaba ninguna
pastilla que pudiera hacerme subir de peso porque sabía que, si lo hacía, el
remedio iba a ser peor que la enfermedad.
Es difícil encontrar un psiquiatra que entienda y respete este tipo de cosas,
y ahora tendré que ver si mi nueva siquiatra, con quien empiezo el 2 de enero,
será igual de comprensiva. Se imaginarán
lo ansiosa que me pone esto.
3. Fin de
año: Esta época es siempre muy difícil
para mí porque también representa un cambio.
Aunque el fin de año parezca insignificante o hasta positivo para el
resto de la gente, para mí representa un final, un adiós, lo cual se me hace complicado
aceptar. Eso me pasa todos los años,
especialmente desde que vivo en Texas, lejos de muchos de mis familiares y
amigos en Puerto Rico.
4. Vacaciones
de mi trabajo voluntario: Las clases de "Inglés
como Segundo Idioma" que estoy dando desde el 30 de septiembre (todos los
martes y jueves en la mañana) han llenado mi vida de propósito. Me han hecho sentir útil, necesita y
querida. Mis estudiantes están muy
felices conmigo, me quieren muchísimo, me elogian continuamente y casi nunca
faltan a la clase. Verlas progresar me
llena de satisfacción y siento que estoy haciendo bien mi trabajo. Pues resulta que, por Navidad, la escuela
está cerrada desde el sábado pasado y no abrirá de nuevo hasta el 12 de enero
del 2015. Eso significa que voy a estar
sin dar clases durante cuatro semanas (justo las cuatro semanas que voy a estar
también sin terapeuta). Esto representa
un cambio drástico en mi rutina y mis actividades porque, prácticamente, sólo
salgo de mi casa para eso o para ir al médico.
Mis clases no sólo ocupan mi tiempo los días que las doy, sino también
cuando me preparo para ellas, lo cual también disfruto mucho. Para colmo, ¡la clase que estoy dando se
acaba el 22 de enero! Al menos, me
ofrecí para dar una clase nueva el 3 de febrero (sólo ese día) y ya a
principios de marzo se supone que empiece otro curso de 12 semanas como el que
estoy a punto de terminar. Claro, eso
también representa un cambio porque tendré nuevos(as) estudiantes, lo cual me
provoca algo de estrés.
Como ven, muchas cosas en
mi vida están cambiando, lo cual a veces me hace sentir abrumada, ansiosa y
triste. Sin embargo, sé que voy a
sobrevivir todas estas situaciones y que, cuando mire atrás, me voy a sentir
orgullosa de mí misma por haber superado estos obstáculos exitosamente. Como dijo María, la protagonista de The Sound of Music (en Español, La Novicia Rebelde o Sonrisas y Lágrimas), una de mis
películas favoritas, "cuando Dios cierra una puerta, en alguna parte abre
una ventana".
______________________
Primera foto tomada de
http://rizaldos.com/2014/09/14/8-elementos-esenciales-en-la-comunicacion-eficaz-con-tu-paciente/.
Segunda foto tomada de
http://www.freepik.es/vector-gratis/maestra-mujer-que-bebe-un-cafe_715328.htm.
Tercera foto tomada de http://deseosfelizdiadesemana.blogspot.com/2014/01/seamos-valientes-para-el-cambio.html.


