domingo, 5 de enero de 2014

¡Ya estoy de regreso!



Como saben, desde el 18 de diciembre de 2013, no he escrito nada en este blog.  Esto, de ningún modo significa que he perdido el interés o el entusiasmo en escribir sobre mi experiencia viviendo con el TLP y otras condiciones de salud mental ni sobre cómo me están ayudando las destrezas aprendidas en mis sesiones de TDC a lidiar con estos Trastornos.  Lo que sucede es que, a veces, siento que mi vida no puede girar sólo en torno a estudiar y escribir sobre mis enfermedades porque todo en exceso es perjudicial, y he notado que centrar mi vida en ello me produce más depresión; como que no pienso en nada más en todo el día, todos los días, y eso termina agotándome mental y emocionalmente.  Habiendo dicho esto, ahora quiero contarles lo que estuve haciendo durante este tiempo, en particular sobre mi visita a Puerto Rico (PR) y los retos que tuve que superar antes, durante y después de mi visita.  

Estuve por allá del 16 al 23 de diciembre.  Tomar la decisión de ir fue BIEN difícil para mí porque esa Isla, donde nací y crecí, fue testigo de mis peores momentos como paciente del TLP; de un sinfín de malas decisiones, entre ellas, un matrimonio desastroso que se prolongó por casi cinco años de martirio continuo; de la mala influencia de un supuesto amigo que me llevó a hacer cosas de las que ahora me arrepiento profundamente y por las que aún me siento culpable; de muchísimos atentados suicidas; de bastantes hospitalizaciones en centros de salud mental; de intentos fallidos de mantener un trabajo por más de unos meses; de negarme a la triste realidad de que no puedo ejercer la profesión que tanto me gusta y que tanto estudié para conseguir; de enfrentamientos con quienes llevan la delantera en la religión a la que pertenezco; de errores secretos por los que aún no me perdono y por los cuales sufro a diario; y de muchas otras cosas más.

Frituras Típicas de PR

Sin embargo, con tal de ver a amigos y familiares a quienes extrañaba y a quienes no veía desde hace casi dos años (cuando me mudé de PR a Estados Unidos) decidí ir.  Y, para mi sorpresa, no fue tan malo como pensé. Me dediqué a visitar a personas que quiero mucho y a comer la comida típica puertorriqueña que tan sabrosa es.  Aunque una semana fue más que suficiente y no pienso volver en buen tiempo, disfruté de mi tiempo allí, pensando muy poco en los malos recuerdos que se quedaron allá y que no se montaron conmigo en el avión de regreso a mi nuevo hogar en Texas (TX).  
 
Por supuesto, no todo fue color de rosa.  Durante mi estadía en la Isla, fui invitada a dos actividades que retaron mi Trastorno Dismórfico Corporal y mi Trastorno de Ansiedad Social: una, fue en casa de una compañera de trabajo de mi mejor amigo, con al menos 17 personas más, de las cuales había conocido previamente a tres solamente y hacía ya bastante tiempo; y la otra, en casa de una tía de mi mejor amigo, donde estarían también sus padres y otra de sus tías.  A ninguna de las tías las había conocido antes y, aunque conozco muy bien a sus padres, todavía me da un poquito de estrés compartir socialmente con ellos.  Debido a mis Trastornos, ambas actividades fueron un reto para mí porque sentía que todo el mundo iba a juzgarme, encontrarme miles de defectos y hablar de ellos tan pronto saliera de allí.  Aunque sé que no es un pensamiento racional y que es muy probable que no suceda, todavía me da mucho trabajo enfrentar situaciones como éstas.  Sin embargo, gracias a las destrezas que he aprendido en mis sesiones de TDC (y a la ayuda de Dios) pude asistir a ambas actividades y, aunque al principio de las dos estuve bastante ansiosa, después de un rato, logré sentirme muy cómoda y hasta disfrutarlas.

Otro reto que, para mi sorpresa, enfrenté exitosamente fue el tener que conversar con las personas que se sentaron a mi lado en los vuelos de ida a PR y de vuelta a TX.  Usualmente, no me gusta ni que me dirijan la palabra cuando viajo en avión, pero esta vez no tuve la suerte de que se sentaran a mi lado personas que compartieran mi actitud "antisocial".  De ida a PR, una señora, y de regreso a TX, un señor, me estuvieron hablando durante TODO el vuelo. Literalmente, desde poco antes del despegue hasta que se levantaron de la silla para salir del avión, estuvieron hablando conmigo sin interrupción.  ¡Ni siquiera fueron al baño!  Al verme en esa situación, me vi en la obligación de conversar con ellos también y, a diferencia de otras veces, terminé muy envuelta en las conversaciones y hasta disfruté de ellas.  Aunque es cierto que aún prefiero que se sienten a mi lado personas que no me dirijan la palabra, me siento orgullosa (y bastante extrañada también) de haber podido lidiar exitosamente con esta incómoda situación.
 
Tomada de http://wordfromthewell.com/2012/11/14/your-mind-is-like-an-airplane/

También, enfrenté un cambio de última hora en mis planes de viaje.  Cuando iba a salir de PR el 23 de diciembre, me avisaron que mi vuelo de allí a Atlanta, Georgia, donde haría una escala de camino a casa, se había atrasado.  Se había atrasado tanto que había perdido el vuelo de Atlanta a TX.  ¿Las opciones?  Quedarme una noche más en PR y salir al día siguiente, o volar a Atlanta, quedarme una noche allí y salir hacia TX al día siguiente.  Ambas opciones implicaban un cambio a mis planes originales, lo cual usualmente causa que mis síntomas del TLP se agraven, ocasionándome mucho coraje y ansiedad. En esta ocasión, sin embargo, descubrí que mi reacción automática fue de alegría y, aunque descarté de inmediato la opción de quedarme una noche más en PR, lo de quedarme en Atlanta me pareció buena idea y acepté encantada. Esto a pesar de saber que este cambio implicaría, entre otras cosas:  no ver a mis padres y a mi perrita ese día; enfrentar las bajas temperaturas de Atlanta sin tener la ropa adecuada para ello; deshacer en parte mi equipaje, después que estaba todo tan bien organizado; viajar un 24 de diciembre, víspera de Navidad, cuando los aeropuertos suelen estar atestados de gente; hacer de nuevo la fila para obtener mi pase de abordaje al avión; y pasar otra vez por los puntos de seguridad del aeropuerto, con toda la demora que eso representa.  Y, para completar mi odisea, resulta que me escogieron para hacerme el registro de seguridad más estricto, lo cual significó que tuve que demorarme más tiempo en todo el proceso mientas revisaban detenidamente todo lo que llevaba en mi cartera y bulto de manos y una agente me registraba tocándome casi todo el cuerpo.  

A pesar de todos estos inconvenientes, vi toda la situación como una aventura y me emocionó la idea de tener que enfrentar yo sola cosas que no había planificado de antemano.  Me encontré hablando cómodamente con la señora que me hizo el "check-in" en el hotel y con los agentes de seguridad del aeropuerto.  Me veía, y recordaba aquellos años en que hablar con otras personas no era un reto para mí; al contrario, hablaba con todo el mundo y era súper sociable.  Revivir aquellos años fue una experiencia maravillosa que me llenó de esperanza, la esperanza de un día (espero que no muy lejano) poder volver a ser una mujer sociable, que enfrente la vida sin temores y ansiedades infundadas.

Gracias por leer este post.  Espero que regresen pronto.

~ Cristi





1 comentario:

  1. Fueron muchos los retos que pudiste enfrentar con exito en esos pocos dias de vacaciones. Te felicito! Adelante con tus logros!

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