Como saben, desde el 18 de diciembre de 2013,
no he escrito nada en este blog. Esto,
de ningún modo significa que he perdido el interés o el entusiasmo en escribir
sobre mi experiencia viviendo con el TLP y otras condiciones de salud mental ni
sobre cómo me están ayudando las destrezas aprendidas en mis sesiones de TDC a
lidiar con estos Trastornos. Lo que
sucede es que, a veces, siento que mi vida no puede girar sólo en torno a
estudiar y escribir sobre mis enfermedades porque todo en exceso es perjudicial,
y he notado que centrar mi vida en ello me produce más depresión; como que no
pienso en nada más en todo el día, todos los días, y eso termina agotándome
mental y emocionalmente. Habiendo dicho
esto, ahora quiero contarles lo que estuve haciendo durante este tiempo, en
particular sobre mi visita a Puerto Rico (PR) y los retos que tuve que superar
antes, durante y después de mi visita.
Estuve por allá del 16 al 23 de diciembre. Tomar la decisión de ir fue BIEN difícil para
mí porque esa Isla, donde nací y crecí, fue testigo de mis peores momentos como
paciente del TLP; de un sinfín de malas decisiones, entre ellas, un matrimonio
desastroso que se prolongó por casi cinco años de martirio continuo; de la mala
influencia de un supuesto amigo que me llevó a hacer cosas de las que ahora me
arrepiento profundamente y por las que aún me siento culpable; de muchísimos
atentados suicidas; de bastantes hospitalizaciones en centros de salud mental;
de intentos fallidos de mantener un trabajo por más de unos meses; de negarme a
la triste realidad de que no puedo ejercer la profesión que tanto me gusta y
que tanto estudié para conseguir; de enfrentamientos con quienes llevan la
delantera en la religión a la que pertenezco; de errores secretos por los que
aún no me perdono y por los cuales sufro a diario; y de muchas otras cosas más.
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| Frituras Típicas de PR |
Sin embargo,
con tal de ver a amigos y familiares a quienes extrañaba y a quienes no veía
desde hace casi dos años (cuando me mudé de PR a Estados Unidos) decidí ir. Y, para mi sorpresa, no fue tan malo como
pensé. Me dediqué a visitar a personas
que quiero mucho y a comer la comida típica puertorriqueña que tan sabrosa
es. Aunque una semana fue más que suficiente
y no pienso volver en buen tiempo, disfruté de mi tiempo allí, pensando muy
poco en los malos recuerdos que se quedaron allá y que no se montaron conmigo
en el avión de regreso a mi nuevo hogar en Texas (TX).
Por
supuesto, no todo fue color de rosa. Durante
mi estadía en la Isla, fui invitada a dos actividades que retaron mi Trastorno
Dismórfico Corporal y mi Trastorno de Ansiedad Social: una, fue en casa de una compañera de trabajo
de mi mejor amigo, con al menos 17 personas más, de las cuales había conocido
previamente a tres solamente y hacía ya bastante tiempo; y la otra, en casa de una
tía de mi mejor amigo, donde estarían también sus padres y otra de sus
tías. A ninguna de las tías las había
conocido antes y, aunque conozco muy bien a sus padres, todavía me da un
poquito de estrés compartir socialmente con ellos. Debido a mis Trastornos, ambas actividades
fueron un reto para mí porque sentía que todo el mundo iba a juzgarme,
encontrarme miles de defectos y hablar de ellos tan pronto saliera de
allí. Aunque sé que no es un pensamiento
racional y que es muy probable que no suceda, todavía me da mucho trabajo
enfrentar situaciones como éstas. Sin
embargo, gracias a las destrezas que he aprendido en mis sesiones de TDC (y a
la ayuda de Dios) pude asistir a ambas actividades y, aunque al principio de
las dos estuve bastante ansiosa, después de un rato, logré sentirme muy cómoda
y hasta disfrutarlas.
Otro reto
que, para mi sorpresa, enfrenté exitosamente fue el tener que conversar con las
personas que se sentaron a mi lado en los vuelos de ida a PR y de vuelta a TX. Usualmente, no me gusta ni que me dirijan la
palabra cuando viajo en avión, pero esta vez no tuve la suerte de que se
sentaran a mi lado personas que compartieran mi actitud "antisocial". De ida a PR, una señora, y de regreso a TX,
un señor, me estuvieron hablando durante TODO el vuelo. Literalmente, desde poco antes del despegue
hasta que se levantaron de la silla para salir del avión, estuvieron hablando
conmigo sin interrupción. ¡Ni siquiera
fueron al baño! Al verme en esa
situación, me vi en la obligación de conversar con ellos también y, a
diferencia de otras veces, terminé muy envuelta en las conversaciones y hasta
disfruté de ellas. Aunque es cierto que
aún prefiero que se sienten a mi lado personas que no me dirijan la palabra, me
siento orgullosa (y bastante extrañada también) de haber podido lidiar
exitosamente con esta incómoda situación.
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| Tomada de http://wordfromthewell.com/2012/11/14/your-mind-is-like-an-airplane/ |
También,
enfrenté un cambio de última hora en mis planes de viaje. Cuando iba a salir de PR el 23 de diciembre,
me avisaron que mi vuelo de allí a Atlanta, Georgia, donde haría una escala de
camino a casa, se había atrasado. Se
había atrasado tanto que había perdido el vuelo de Atlanta a TX. ¿Las opciones? Quedarme una noche más en PR y salir al día
siguiente, o volar a Atlanta, quedarme una noche allí y salir hacia TX al día
siguiente. Ambas opciones implicaban un
cambio a mis planes originales, lo cual usualmente causa que mis síntomas del
TLP se agraven, ocasionándome mucho coraje y ansiedad. En esta ocasión, sin embargo, descubrí que mi
reacción automática fue de alegría y, aunque descarté de inmediato la opción de
quedarme una noche más en PR, lo de quedarme en Atlanta me pareció buena idea y
acepté encantada. Esto a pesar de saber
que este cambio implicaría, entre otras cosas:
no ver a mis padres y a mi perrita ese día; enfrentar las bajas
temperaturas de Atlanta sin tener la ropa adecuada para ello; deshacer en parte
mi equipaje, después que estaba todo tan bien organizado; viajar un 24 de
diciembre, víspera de Navidad, cuando los aeropuertos suelen estar atestados de
gente; hacer de nuevo la fila para obtener mi pase de abordaje al avión; y
pasar otra vez por los puntos de seguridad del aeropuerto, con toda la demora
que eso representa. Y, para completar mi
odisea, resulta que me escogieron para hacerme el registro de seguridad más
estricto, lo cual significó que tuve que demorarme más tiempo en todo el
proceso mientas revisaban detenidamente todo lo que llevaba en mi cartera y
bulto de manos y una agente me registraba tocándome casi todo el cuerpo.
A pesar de
todos estos inconvenientes, vi toda la situación como una aventura y me
emocionó la idea de tener que enfrentar yo sola cosas que no había planificado
de antemano. Me encontré hablando
cómodamente con la señora que me hizo el "check-in" en el hotel y con
los agentes de seguridad del aeropuerto.
Me veía, y recordaba aquellos años en que hablar con otras personas no
era un reto para mí; al contrario, hablaba con todo el mundo y era súper
sociable. Revivir aquellos años fue una
experiencia maravillosa que me llenó de esperanza, la esperanza de un día
(espero que no muy lejano) poder volver a ser una mujer sociable, que enfrente
la vida sin temores y ansiedades infundadas.
Gracias por
leer este post. Espero que regresen
pronto.
~ Cristi


Fueron muchos los retos que pudiste enfrentar con exito en esos pocos dias de vacaciones. Te felicito! Adelante con tus logros!
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