Ayer pasé un mal rato porque, nuevamente, no pude ir a un lugar al que quería ir y para el cual me había estado preparando desde el día antes. Me dio tanta rabia con mi enfermedad por limitarme tanto que le escribí un poema. No suelo compartir con nadie los poemas que escribo, pero pienso que éste debe ser la excepción. No es muy optimista, pero sí expresa perfectamente lo que siento hacia el TLP y, en realidad, hacia todas mis otras condiciones de salud mental.
Por
tantos años,
conmigo
sin saberlo;
tú
te escondías
cual
luna al mediodía.
Ahí
esperabas
el
momento perfecto
para
arruinarme
por
completo la vida.
Yo
era una niña
feliz
y divertida;
de
adolescente,
brillante
y atractiva;
con
tantos sueños
que
realizar un día.
Tenía
la vida
que
muchos desearían.
Mas tras llegarme
la
mayoría de edad,
cuando
empezaba
la
lucha por mis sueños,
tú
decidiste
salir
de tu escondite,
mostrando
al mundo
tu
rostro oscuro y feo.
Ahí
empezaron
visitas
a doctores;
tantas
pastillas
que
ni puedo contar;
mil
tratamientos,
ninguno
funcionaba;
ni
se sabía
cómo
te iba a llamar.
En
hospitales,
al
borde de la muerte,
enajenada
de
toda realidad;
poquito
a poco,
perdiendo
la esperanza
de
que algún día
me
pudiera sanar.
no
supe lo que eras;
nadie
sabía
quién
eras de verdad.
Hasta
aquel día
que
te pusieron nombre,
y
me llenaste
de
un pánico mortal.
Ya
descubierta,
te
pusiste furiosa
y
me atacaste
más
fuerte y sin piedad;
me
destruiste
los
sueños que tenía;
mi
vida entera
ya
nunca sería igual.
Ahora
la gente
me
dice que te acepte,
que
el tratamiento
te
puede controlar;
pero
es mentira
porque
tú y yo sabemos
que
jamás nadie
te
podrá apaciguar.
A
nadie hablo
de
ti pues te detesto;
si
te menciono,
te
vuelvo a recordar.
Vivo
mi vida
obviando
tu presencia
y así
escondiendo
de
todos mi verdad.
Y
nadie sabe
que
tras esta sonrisa
y
mi apariencia
de
gran felicidad,
te
escondes siempre,
mi
peor enemiga,
planificando
cuándo
vas a atacar.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario