jueves, 31 de octubre de 2013

Cinco Consejos para Mejorar Nuestra Forma de Escuchar


Cortesía de Danilo Rizzuti / FreeDigitalPhotos.net
En la terapia grupal que estoy tomando por Internet (la cual, por cierto, ha mejorado muchísimo desde la primera vez que les hablé de ella), nos han enseñado, entre muchas otras cosas, a comunicarnos más efectivamente.  Como todos sabemos, la comunicación incluye tanto hablar como escuchar.  Por eso, entre los artículos que nos han mandado a leer como asignación, hubo uno, escrito por Nadia Ballas-Ruta, que da cinco consejos para escuchar atentamente y cuatro para hablar concienzudamente.[1]  Hoy voy a compartir con ustedes los cinco consejos que da Ballas-Ruta para escuchar con atención.  En un futuro "post", les daré los cuatro consejos para lograr que nuestra habla sea más efectiva.  

Para escuchar efectivamente a otros debemos:

Cortesía de Master isolated images / FreeDigitalPhotos.net


1. Despejar nuestra mente.  Esto incluye quitar de la mente cualquier pensamiento que tengamos, o todo juicio previo que hayamos hecho, ya sea sobre la persona que nos está hablando o sobre lo que está a punto de decirnos.  Al comenzar la conversación, nuestra mente debe ser como un papel en blanco; como si fuera la primera vez que vemos o hablamos con esa persona.

2. Crear un ambiente seguro.  A mucha gente le da trabajo abrirse a los demás y expresar sus verdaderos sentimientos.  Al ser atentos al escuchar, indirectamente le transmitimos a quienes nos hablan que, ante nosotros, no tienen que fingir ser alguien que en realidad no son, sino que pueden ser ellos mismos.  Esto les dará la confianza de abrir su corazón cuando nos hablen.

Cortesía de photostock / FreeDigitalPhoto.net
3. Mantener contacto visual.  Al mirar directamente a la persona mientras nos habla, le demostramos que nos interesa lo que nos está diciendo.

4. Ponernos en la perspectiva de quien nos habla.  Debemos recordar que todos reaccionamos y vemos las cosas según nuestra visión particular del mundo.  Por eso, para escuchar efectivamente a alguien, tenemos que tratar de entender cuál es esa visión en su caso específico y escucharlo desde esa perspectiva.  Nuestra meta debe ser entender lo que nos está diciendo, no necesariamente estar de acuerdo con ello.

Cortesía de Salvatore Vuono / FreeDigitalPhotos.net
5. No asumir nada.  Si en algún momento no entendemos o no tenemos claro qué fue lo que dijo nuestro interlocutor, no nos quedemos con la duda o asumamos que lo que dijo fue "X" cosa.  Más bien, con tacto, preguntémosle o pidámosle que nos lo aclare.  Así evitaremos muchos malentendidos. 

¿Qué te parecieron estos cinco consejitos?  ¿Crees que hay alguno en el que puedas trabajar?  Si es así, ¿en cuál de ellos?

Gracias por leer este "post".  Recuerden que, en uno próximo, voy a compartir con ustedes los cuatro consejos de Ballas-Ruta para hablar efectivamente con otros.  Espero que regresen pronto.
 

 


[1] El artículo del cual fue tomada esta información, "Effective Communication with Others" (en Español, "Comunicación Efectiva con Otros"), escrito en Inglés por Nadia Ballas-Ruta, está publicado en http://thinksimplenow.com/communication/effective-communication-mindfulness.

sábado, 26 de octubre de 2013

Mi Lucha contra la Autolesión o Autoagresión


Desde el jueves, he estado luchando de nuevo contra deseos de autolesionarme[1]. Digo "de nuevo" porque éste ha sido un problema recurrente en mi vida, como en la de muchos otros pacientes del TLP.  Si yo no tuviera este Trastorno, muy probablemente pensaría que alguien que se hace daño físico a propósito está loco de remate.  O tal vez creería, como mucha gente, que la persona que se autolesiona lo hace para manipular a otros o para salirse con la suya. Otros piensan que la persona sólo quiere llamar la atención o quizás dar un ultimátum. 

¡Es tan lamentable (y me da MUCHO coraje) que la gente piense así!  Ninguna de ésas son las razones por las que los pacientes del TLP nos autolesionamos.  Y entonces, ¿por qué lo hacemos?


Hay muchas razones, pero les voy a hablar de la que es más común en mi caso:  para castigarme.  Cuando pienso que hice algo mal o cuando mi condición de salud me dificulta hacer cosas que el resto de la gente hace con facilidad, me da mucho coraje conmigo misma.  Y resulta que el coraje es una emoción que nos da energía y nos motiva a resolver nuestros problemas, aunque lo hagamos de maneras equivocadas.  Eso es lo que usualmente me lleva a caer en la autolesión.

Cortesía de chrisroll / FreeDigitalPhoto.net
Les voy a dar un ejemplo.  Hace casi tres meses, tuve una cita con una nueva psiquiatra. Eso de por sí es estresante para mí porque, tanto por el TLP como por mi fobia social, me siento insegura de mí misma y detesto conocer gente nueva, especialmente gente que siento que va a estar analizándome y juzgándome.  Para empeorar más las cosas, la cita era por la tarde.  Mis días suelen empezar muy bien, pero según va cayendo la tarde, me voy quedando sin energías y me baja mucho el ánimo.  ¿Qué efecto tuvieron en mí esas circunstancias?  No quería ir a la cita.  Traté de explicarle a mi madre cómo me sentía, pero ella siguió insistiendo en que tenía que ir.  A medida que la discusión empeoraba, me daba más y más coraje conmigo misma por no poder hacer lo que para el resto de la gente es totalmente sencillo, ir a una cita médica con un nuevo doctor.  Llegó un punto en que estaba tan enojada que empecé a darme puños en la cara, pero puños fuertes, con una fuerza que no sabía que tenía. 
  
Aquello fue extraño porque sentía que me había salido de mi cuerpo y que me estaba mirando desde arriba, sin poder hacer nada para detenerme a mí misma. ¿Resultado?  Terminé con la cara prácticamente desfigurada.  Estaba roja, hinchada y con partes amoratadas.  Eso sin mencionar el dolor que tenía; dolor físico por los golpes y dolor emocional por lo que había hecho.  Total, así tuve que ir a la cita, sintiéndome mucho peor de lo que me sentía al principio.


Darme golpes es sólo una de las muchas maneras en las que me he autolesionado.  En algunas ocasiones, también me he cortado, mordido o halado el pelo. Además, hay otras razones por las que me autolesiono.  No siempre es para castigarme.  A veces, lo hago para aliviar mi dolor emocional, para sentir algo cuando me siento vacía y/o para comunicarle a los demás lo mal que me siento.  La paliza de la que les hablé en el párrafo anterior cumplió varias de estas funciones. 


Como les dije al principio, en estos días he tenido muchas ganas de autoagredirme, en particular de darme puños en la cara.  Pienso que estos deseos se deben, al menos en parte, a todas las destrezas que estoy aprendiendo en mis sesiones de TDC, especialmente en las grupales.  En estas terapias, me estoy dando cuenta de todas las cosas que tengo que cambiar para poder tener una vida feliz y saludable. Son tantas destrezas y las encuentro tan difíciles de aplicar que a veces me siento como si tuviera ante mí una montaña enorme que tengo que subir, pero a cuya cima sé que jamás llegaré.   

Cortesía de olovedog / FreeDigitalPhotos.net
Pensar que no voy a lograr poner en práctica lo que estoy aprendiendo, me da mucho coraje conmigo misma.  Mis pensamientos suenan algo así:  "Jamás voy a poder aplicar estas destrezas en mi vida.  Por ende, nunca me voy a recuperar.  Por ende, soy una bruta y una inútil.  Por ende, me odio.  Por ende, me debo castigar..."  Y es ahí cuando, en el pasado, me hubiera caído a golpes.


Gracias a Dios, esta vez, hasta el momento, he logrado controlarme.  A veces, lo que hago es darle puños a mis almohadas o al colchón de mi cama, en vez de a mi cara.  Otras veces, me concentro en aplicar una de las destrezas que he aprendido en la TDC, la llamada Mente Sabia.  Sin entrar en mucho detalle, la mente sabia es una combinación saludable de la mente racional (la que me dice "darte es malo, después te vas a arrepentir, te van a quedar marcas en la cara") y la mente emocional (la que me dice "eres un desastre, no puedes ni aplicar unas destrezas básicas en tu vida, mereces castigo por ser tan bruta, golpearte te hará sentir mejor").  La mente sabia es la que me ha ayudado a, después de considerar lo que me dicen ambas "mentes", llegar a la decisión saludable de no darme en la cara como quiero hacer.  Créanme, aunque dejar de autoagredirse suena fácil de lograr, en realidad es tan difícil que algunos lo comparan al proceso de dejar de fumar.[2]


Este "post" puede haberles sonado algo trágico o deprimente y, honestamente, me avergüenza un poco contar estas cosas, que sólo las sabe mi familia más cercana.  Sin embargo, se las cuento para que aquellos de ustedes que tienen el TLP no se sientan solos o anormales, y para que quienes no tienen el Trastorno, pero sí tienen algún ser querido que lo padezca, nos entiendan mejor y no nos juzguen mal cuando hacemos cosas que les parezcan tan absurdas e irracionales como autolesionarnos.


¿Qué les pareció esta parte de mi historia?  ¿Sabían porqué nos autolesionamos quienes sufrimos del TLP?  Si no, ¿por qué pensaban que lo hacíamos? ¿Entienden mejor ahora lo que nos lleva a autolesionarnos?  Espero que sí. 



[1] Hay que resaltar la diferencia entre la autolesión, en la cual el individuo NO tiene el objetivo de quitarse la vida, y los intentos de suicidio, cuyo fin claro SÍ es el privarse de la vida.

[2] Parte de esta información ha sido tomada del capítulo 6 del libro "The Borderline Personality Disorder Survival Guide", escrito por los doctores Alexander L. Chapman y Kim L. Gratz, 2007.