Desde
hace unos días, estoy leyendo sobre la destreza de la TDC llamada
"Aceptación Radical" como parte de las asignaciones que me dieron en
la terapia grupal. Esta destreza se basa
en algo muy cierto: que, cuando uno
enfrenta una situación dolorosa, uno puede hacer una de cuatro cosas:
- Resolver el problema
- Cambiar cómo uno piensa sobre el problema,
- Aceptar el problema, o
- Sentirse miserable para siempre.
Como se imaginarán, usualmente, yo opto por la
cuarta opción, la menos saludable de todas.
La "Aceptación Radical" es la primera de varias destrezas que
pueden ayudarnos a aceptar el problema en vez de sentirnos miserables para
siempre.
Aceptar radicalmente algo es aceptarlo total y
completamente; dejar de pelear contra ello; aceptar la realidad.
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| Foto cortesía de photostock / FreeDigitalPhotos.net |
Esto no quiere decir que tengo que empezar a
sentirme feliz por las cosas dolorosas que he vivido en el pasado, pero sí
tengo que aceptar que no las puedo cambiar.
En mi caso, dos ejemplos de cosas que me han pasado y aún no he podido
aceptar son: que me despidieron de mi
más reciente trabajo y que tengo varias enfermedades de salud mental, entre
ellas el TLP. Hasta el sólo hecho de
escribirlo aquí, me duele, me avergüenza y me da coraje. Definitivamente, esos sentimientos son
evidencia de que no he aceptado esas situaciones, a pesar de todo el tiempo que ha
pasado: casi nueve meses desde que me
despidieron del trabajo; 19 años desde que fui por primera vez a un psiquiatra;
y nueve años desde que me diagnosticaron el TLP. Sí, ha pasado todo ese tiempo, y todavía no he
logrado aceptar la realidad de mi vida.
Y esos son sólo dos ejemplos, pero hay muchísimos más.
Sin embargo, hay cosas dolorosas de mi vida que
sí he logrado aceptar, por ejemplo: la
muerte de mi abuelo materno y mi abuela paterna, y el hecho de soy una mujer
divorciada Bueno, en realidad, esto
último no sólo lo he aceptado, sino que además me hace muy feliz y creo que es una de
las mejores decisiones que he tomado en mi vida, pero en su momento fue doloroso porque lo vi
como otro de los muchos fracasos que he tenido en mi vida. Pero el punto es que, al menos, he tenido la
experiencia de aceptar radicalmente algo y sé lo bien que se siente poder
hacerlo. Se siente como si te quitaran
un gran peso de encima y, aunque uno no necesariamente se sienta feliz por lo
que pasó, sí se siente libre y seguro de que puede seguir adelante con su vida
aceptando esa realidad.
Algo que me gustó mucho de lo que aprendí sobre
esta destreza es algo que visualicé como una ecuación matemática:
- Dolor = Sólo Dolor
- Dolor + No Aceptación = Sufrimiento
- Sufrimiento + Aceptación Radical = Sólo Dolor
Definitivamente, el dolor es sólo dolor; todos
lo hemos sentido y es natural sentirlo.
Pero cuando añadimos negación a ese dolor, entonces se convierte en
sufrimiento. Sólo la aceptación radical
puede transformar el sufrimiento en sólo dolor.
Ésa es la meta. Y esa meta se
consigue aceptando que:
- Nuestra realidad es la que es,
- Las situaciones dolorosas tienen una causa, y
- Vale la pena vivir a pesar de esas situaciones dolorosas.
Según vaya aprendiendo cómo lograr esa meta,
la cual ahora parece inalcanzable, les iré escribiendo más detalles del proceso.
Gracias por leer este "post". Espero que regresen pronto.

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