Desde el
jueves, he estado luchando de nuevo contra deseos de autolesionarme[1]. Digo "de nuevo" porque éste ha sido
un problema recurrente en mi vida, como en la de muchos otros pacientes del
TLP. Si yo no tuviera este Trastorno,
muy probablemente pensaría que alguien que se hace daño físico a propósito está
loco de remate. O tal vez creería, como
mucha gente, que la persona que se autolesiona lo hace para manipular a otros o
para salirse con la suya. Otros piensan
que la persona sólo quiere llamar la atención o quizás dar un ultimátum.
¡Es tan
lamentable (y me da MUCHO coraje) que la gente piense así! Ninguna de ésas son las razones por las que
los pacientes del TLP nos autolesionamos.
Y entonces, ¿por qué lo hacemos?
Hay muchas
razones, pero les voy a hablar de la que es más común en mi caso: para castigarme. Cuando pienso que hice algo mal o cuando mi
condición de salud me dificulta hacer cosas que el resto de la gente hace con
facilidad, me da mucho coraje conmigo misma.
Y resulta que el coraje es una emoción que nos da energía y nos motiva a
resolver nuestros problemas, aunque lo hagamos de maneras equivocadas. Eso es lo que usualmente me lleva a caer en
la autolesión.
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| Cortesía de chrisroll / FreeDigitalPhoto.net |
Les voy a
dar un ejemplo. Hace casi tres meses,
tuve una cita con una nueva psiquiatra. Eso de por sí es estresante para mí porque, tanto por el TLP como por mi
fobia social, me siento insegura de mí misma y detesto conocer gente nueva,
especialmente gente que siento que va a estar analizándome y juzgándome. Para empeorar más las cosas, la cita era por
la tarde. Mis días suelen empezar muy
bien, pero según va cayendo la tarde, me voy quedando sin energías y me baja
mucho el ánimo. ¿Qué efecto tuvieron en
mí esas circunstancias? No quería ir a
la cita. Traté de explicarle a mi madre
cómo me sentía, pero ella siguió insistiendo en que tenía que ir. A medida que la discusión empeoraba, me daba
más y más coraje conmigo misma por no poder hacer lo que para el resto de la
gente es totalmente sencillo, ir a una cita médica con un nuevo doctor. Llegó un punto en que estaba tan enojada que
empecé a darme puños en la cara, pero puños fuertes, con una fuerza que no
sabía que tenía.
Aquello fue extraño
porque sentía que me había salido de mi cuerpo y que me estaba mirando desde
arriba, sin poder hacer nada para detenerme a mí misma. ¿Resultado?
Terminé con la cara prácticamente desfigurada. Estaba roja, hinchada y con partes
amoratadas. Eso sin mencionar el dolor
que tenía; dolor físico por los golpes y dolor emocional por lo que había
hecho. Total, así tuve que ir a la cita,
sintiéndome mucho peor de lo que me sentía al principio.
Darme golpes
es sólo una de las muchas maneras en las que me he autolesionado. En algunas ocasiones, también me he cortado,
mordido o halado el pelo. Además, hay
otras razones por las que me autolesiono.
No siempre es para castigarme. A
veces, lo hago para aliviar mi dolor emocional, para sentir algo cuando me
siento vacía y/o para comunicarle a los demás lo mal que me siento. La paliza de la que les hablé en el párrafo
anterior cumplió varias de estas funciones.
Como les
dije al principio, en estos días he tenido muchas ganas de autoagredirme, en
particular de darme puños en la cara.
Pienso que estos deseos se deben, al menos en parte, a todas las
destrezas que estoy aprendiendo en mis sesiones de TDC, especialmente en las
grupales. En estas terapias, me estoy
dando cuenta de todas las cosas que tengo que cambiar para poder tener una vida
feliz y saludable. Son tantas destrezas
y las encuentro tan difíciles de aplicar que a veces me siento como si tuviera
ante mí una montaña enorme que tengo que subir, pero a cuya cima sé que jamás
llegaré.
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| Cortesía de olovedog / FreeDigitalPhotos.net |
Pensar que no voy a lograr
poner en práctica lo que estoy aprendiendo, me da mucho coraje conmigo misma. Mis pensamientos suenan algo así: "Jamás voy a poder aplicar estas
destrezas en mi vida. Por ende, nunca me
voy a recuperar. Por ende, soy una bruta
y una inútil. Por ende, me odio. Por ende, me debo castigar..." Y es ahí cuando, en el pasado, me hubiera
caído a golpes.
Gracias a
Dios, esta vez, hasta el momento, he logrado controlarme. A veces, lo que hago es darle puños a mis
almohadas o al colchón de mi cama, en vez de a mi cara. Otras veces, me concentro en aplicar una de
las destrezas que he aprendido en la TDC, la llamada Mente Sabia. Sin entrar en
mucho detalle, la mente sabia es una combinación saludable de la mente racional
(la que me dice "darte es malo, después te vas a arrepentir, te van a
quedar marcas en la cara") y la mente emocional (la que me dice "eres
un desastre, no puedes ni aplicar unas destrezas básicas en tu vida, mereces
castigo por ser tan bruta, golpearte te hará sentir mejor"). La mente
sabia es la que me ha ayudado a, después de considerar lo que me dicen ambas
"mentes", llegar a la decisión saludable de no darme en la cara como
quiero hacer. Créanme, aunque dejar de
autoagredirse suena fácil de lograr, en realidad es tan difícil que
algunos lo comparan al proceso de dejar de fumar.[2]
Este
"post" puede haberles sonado algo trágico o deprimente y,
honestamente, me avergüenza un poco contar estas cosas, que sólo las sabe mi
familia más cercana. Sin embargo, se las
cuento para que aquellos de ustedes que tienen el TLP no se sientan solos o
anormales, y para que quienes no tienen el Trastorno, pero sí tienen algún ser
querido que lo padezca, nos entiendan mejor y no nos juzguen mal cuando hacemos
cosas que les parezcan tan absurdas e irracionales como autolesionarnos.
¿Qué les
pareció esta parte de mi historia?
¿Sabían porqué nos autolesionamos quienes sufrimos del TLP? Si no, ¿por qué pensaban que lo
hacíamos? ¿Entienden mejor ahora lo que
nos lleva a autolesionarnos? Espero que
sí.
[1] Hay que resaltar la diferencia
entre la autolesión, en la cual el individuo NO tiene el objetivo de quitarse
la vida, y los intentos de suicidio, cuyo fin claro SÍ es el privarse de la
vida.
[2] Parte de esta información ha
sido tomada del capítulo 6 del libro "The Borderline Personality Disorder
Survival Guide", escrito por los doctores Alexander L. Chapman y Kim L.
Gratz, 2007.



Eres muy valiente al publicar este escrito. Sigue luchando y te deseo lo mejor.
ResponderBorrar¡Gracias por tu apoyo y buenos deseos! No fue nada fácil, pero he encontrado que escribir sobre estos temas difíciles es terapéutico para mí.
BorrarValentia admirable y Elocuente enseNanza TQM -Priscilla
ResponderBorrar¡Gracias Priscilla! Pero déjame decirte que, parte de mi valentía, la aprendí (y la sigo aprendiendo) de ti. Yo también TQM.
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