domingo, 3 de noviembre de 2013

El Trastorno de Ansiedad Social que Tanto Odio (Parte 1)



El título de este post no refleja mucho de lo que he aprendido en mis sesiones de TDC.  No sólo es una declaración prejuiciada (al implícitamente describir este Trastorno como algo odioso), sino que además es un reflejo de que aún no he aceptado radicalmente que, además del TLP, también sufro del Trastorno de Ansiedad Social (TAS).

Cortesía de Naypong/FreeDigitalPhoto.net
Pero la verdad es que, desde esta mañana, he estado particularmente molesta con este Trastorno, y quiero explicarles cómo me siento y por qué me siento así, en vez de entrar en las destrezas de la TDC que debería poner en práctica en momentos como éste.
 
Para empezar, quiero explicarles qué exactamente es el TAS, también conocido como Fobia Social o Ansiedad Social.  Según la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por sus siglas en inglés), los criterios de diagnóstico del TAS son los siguientes:

Cortesía de Ambro/FreeDigitalPhotos.net

1. Temor acusado y persistente por una o más situaciones sociales o actuaciones en público, en las que la persona se ve expuesta a personas que no pertenecen al ámbito familiar o a la posible evaluación por parte de los demás.  El individuo teme actuar de modo humillante o embarazoso.


2. La exposición a las situaciones sociales temidas provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de una crisis de angustia situacional.


3. El individuo reconoce que este temor es excesivo o irracional.


4. Las situaciones sociales o actuaciones en público temidas se evitan o bien se experimentan con ansiedad o malestar intensos.


5. Los comportamientos de evitación y la anticipación ansiosa interfieren acusadamente con la rutina normal del individuo, con sus relaciones laborales o sociales, o bien producen un malestar clínicamente significativo.


6. En los individuos menores de 18 años, los síntomas deben prolongarse como mínimo seis meses.


7. El miedo o el comportamiento de evitación no se debe a los efectos fisiológicos directos de una sustancia o enfermedad médica y no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental.


8. Si hay una enfermedad médica u otro trastorno mental, el temor descrito en el Criterio 1 no se relaciona con estos procesos.[1] 


(En la segunda parte de este artículo, publicada a continuación, hablo de mi experiencia personal con estos síntomas del TAS y el efecto que este Trastorno tiene en mí.)




[1] Por cierto, mi terapeuta individual me dijo hace unas semanas que es posible que, además del TLP, del TAS, y de un Trastorno Disociativo No Identificado que tengo, ¡también sufra de un Desorden Alimenticio No Identificado!  Qué maravilla, ¿no creen?  ¡Soy un DSM-IV viviente!  Créanme, trato de tomarlo a broma, pero es sumamente frustrante para mí tener tantas condiciones de salud mental.

 

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