domingo, 3 de noviembre de 2013

El Trastorno de Ansiedad Social que Tanto Odio (Parte 2)



(Este artículo es una continuación del post titulado "El Trastorno de Ansiedad Social que Tanto Odio (Parte 1)", publicado hoy también.  Te recomiendo que leas aquel primero y entonces regreses a éste.)



Cortesía de Feelart / FreeDigitalPhotos.net
En mi caso, están presentes todos los síntomas (excepto el número 6, porque lamentablemente ya tengo mucho más de 18 años).  Para empezar, debido a mis síntomas depresivos y a mi complejo de gordura[2], son muy pocas las veces que salgo de mi casa.  Pero las pocas veces que salgo, puedo ir a un centro comercial, al cine o incluso de crucero sin problema alguno.  ¿Por qué? Porque sé que en esos lugares hay tanta gente que, primero, hay muy pocas posibilidades de que haya alguien que me conozca; y segundo, con tanta gente alrededor, siento que nadie se va a detener a mirarme y juzgarme.  Y, aún si alguien lo hiciera, es sumamente probable que jamás vuelva a ver a esa persona en toda mi vida, así es que su opinión sobre mí me es indiferente.

Cortesía de stockimages / FreeDigitalPhotos.net
Ahora bien, todo eso cambia cuando se trata de un número relativamente pequeño de personas, que no son de mi familia, pero que sí me conocen y entre quienes sí me siento expuesta a evaluación. Por ejemplo, estar entre los miembros de mi religión[3] es algo que no puedo hacer en este momento.  ¿La razón?  Sencillamente, porque pienso que, cuando me vean, van a estar pensando cosas como:  "¡Qué gorda está Cristi!", o "¡Está feísima!", o "Mira, ¡por fin se aparece, después de tanto tiempo sin venir!" (criterio 1).  

Por eso, el sólo pensar que tengo que ir a alguna reunión religiosa, me pone en un estado de ansiedad horrible, que suele terminar en un ataque de pánico (criterio 2).  Sin duda, reconozco que mi miedo es totalmente irracional.  Entiendo que es muy probable que, en realidad, los otros miembros de mi religión no piensen mal de mí al verme.  Quizás hasta se alegrarían sinceramente de estar conmigo.  Pero, mi mente emocional me domina y ahoga lo que dice mi mente racional (criterio 3).

Esta situación hace que evite por completo asistir a mis reuniones religiosas, lo cual entonces desencadena en mí sentimientos de culpa que escalan hasta llevarme a pensar que no valgo nada y que sería mejor no estar viva.  Cuando hay reuniones religiosas especiales a las cuales no puedo ni imaginar no asistir, la ansiedad me comienza semanas antes del evento y, para poder ir, tengo que tomar varios miligramos de Xanax (un medicamento ansiolítico).  Y, por supuesto, es obligatorio llegar justo cuando esté empezando y salir prácticamente corriendo tan pronto termine la reunión.  Todo para evitar que alguien venga a saludarme (criterio 4).
Por supuesto, antes de tener todas estas condiciones de salud mental, asistía regularmente a mis reuniones religiosas, no tenía miedo a asistir a reuniones sociales ni a conocer nuevas personas.  Así es que, definitivamente, el TAS ha interferido, e interfiere a diario, con mi rutina normal de vida (criterio 5).  



Cortesía de tungphoto / FreeDigitalPhotos.net
En cuanto a los criterios 7 y 8, ninguno de los medicamentos que tomo actualmente tiene como efecto secundario el miedo o comportamiento de evitación que sufro como consecuencia del TAS.  Y, a pesar de las numerosas enfermedades mentales que tengo, ninguna de ellas tiene como uno de sus criterios de diagnóstico el temor descrito en el primer criterio para diagnosticar el TAS.
Cortesía de Master isolated images/FreeDigitalPhotos.net

Supongo que nadie que no haya sufrido del TAS puede entender los profundos sentimientos de incompetencia y fracaso que produce el no poder hacer cosas que quieres hacer y que el resto de la gente hace sin problema alguno.  La rabia que me da conmigo misma y la frustración que siento por no poder casi ni salir de mi casa es indescriptible.  Mi vida parece no tener sentido y mis esperanzas de recuperación se desvanecen en días como hoy; hoy, que hubo una de mis reuniones religiosas semanales y, de nuevo, no pude asistir.

Esto no es fácil.  No es nada, nada, nada fácil.  Es angustiante, desesperante, debilitante y mil cosas más.  Por favor, si usted no tiene ningún problema de salud mental, dele gracias a Dios (o al ser superior en el que crea) todos los días.  Tener salud mental es un privilegio que suele darse por sentado... hasta que se pierde.  Cuando se pierde, sólo queda el vago recuerdo de una vida anterior en la cual uno era feliz y la firme esperanza (tal vez basada en la medicina y/o en la religión) de algún día poder recuperarse y volver a ser feliz. 

Cortesía de Andy Newson / FreeDigitalPhotos.net



[2] Los ocho criterios de diagnóstico del TAS fueron tomados de http://ansiedadsocial.com.ar/DSM-IV_Trastorno_Ansiedad_Social.html.

[3] Debido a que no quiero entrar en temas religiosos en este Blog, no voy a ser nada específica al hablar de mi religión.  No voy a identificar a qué denominación religiosa pertenezco y, en vez de palabras como "iglesia", "templo", etc., voy a utilizar el término genérico "lugar de reunión".  Les agradeceré que, por favor, hagan lo mismo ustedes también.

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario